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martes, 29 de octubre de 2013

Diez consejos para prevenir el derrame cerebral

Según explicó a Por Dentro el neurólogo vascular Abiezer Rodríguez, profesor adjunto de la división de neurología del Recinto de Ciencias Médicas, el ataque cerebral isquémico es causado por un bloqueo a una arteria que suministra sangre al cerebro -que reduce repentinamente o interrumpe el flujo de sangre a un área del cerebro. Mientras que la hemorragia cerebral es causada por la ruptura de una arteria -una hemorragia dentro de la masa cerebral.

Entre los síntomas más frecuentes, se destaca un fuerte dolor de cabeza, debilidad o parálisis de un lado del cuerpo que influye particularmente en la cara, el brazo y la pierna o adormecimiento de un lado del cuerpo, pérdida de visión en un ojo o visión doble y dificultad para hablar o que no entiende lo que se le dice. Estos pueden durar segundos o minutos y desaparecer. Y, aparentemente, no pasa nada. Cuando esto sucede, se dice que es un ataque isquémico transitorio (‘transient ischemic attack’ o TIA por sus siglas en inglés), una afección que también se conoce como “miniaccidente cerebrovascular” y comienza exactamente igual que un ataque cerebrovascular (derrame), aunque luego se resuelve sin dejar síntomas o déficits notables.

“Lo ideal es llamar al 911 o acudir de inmediato a un hospital especializado. Si es un TIA, usualmente no se sabe hasta que pasa un día. Pero si es un derrame y llegan en menos de dos horas de haber comenzado los síntomas, se le puede dar un medicamento para romper el coágulo que bloquea la arteria”, explica Rodríguez, mientras resalta que aunque con un TIA los síntomas duran poco y aparentemente se van, también se debe buscar ayuda médica de inmediato. Esto es así porque el riesgo de sufrir un derrame que te deje incapacitado de por vida es real.

Lo puedes evitar

Los ataques cerebrales ocurren a cualquier edad, tanto en hombres y mujeres jóvenes como mayores. Pero según se envejece aumenta el riesgo, sobre todo, después de los 60 y 70 años, señala Rodríguez. Y aunque inicialmente el hombre tiene un riesgo mayor, la mujer lo iguala después de los 55 años.

La hipertensión, diabetes, colesterol alto, vida sedentaria, fumar, consumo de alcohol en exceso, obesidad y las enfermedades cardíacas son los principales factores de riesgo que pueden promover un ataque cerebrovascular, indica el neurólogo. Otros factores incluyen el consumo de drogas ilícitas -como la cocaína- y condiciones genéticas o congénitas, especialmente anomalías vasculares.

Sin embargo, muchos de estos factores se pueden modificar y disminuir el riesgo. “Se recomienda una dieta saludable, evitar las grasas, la sal, dejar de fumar, hacer ejercicios y no consumir exceso de alcohol”, aconseja Rodríguez.

A continuación diez recomendaciones que pueden ayudarte a minimizar el riesgo.

1. Conocer la tensión arterial

La hipertensión es el principal factor de riesgo en la aparición de los ictus. Tener la tensión arterial alta puede multiplicar por cuatro las probabilidades de sufrir un derrame ya que obliga a nuestro corazón y arterias a hacer un esfuerzo extra para que la sangre llegue a todas las células de nuestro cerebro. Conviene tenerla vigilada y controlada.

2. Realizar ejercicio físico con regularidad

El ejercicio físico es clave para mantener un corazón fuerte y unas arterias limpias y los mejores aliados en la prevención. Con caminar una hora a diario el corazón recibe la dosis de ejercicio que necesita.

3. Dejar de fumar

El cigarrillo eleva de una manera vertiginosa el riesgo de sufrir un ictus y es el principal factor de riesgo que se encuentra en personas jóvenes que lo han sufrido.

4. Conocer los niveles de colesterol

El colesterol, junto con el cigarrillo, son los principales causantes de creación de placa arteroesclerótica, favoreciendo la aparición de obstrucciones en las arterias que riegan el cerebro.

5. Bajar de peso

La obesidad suele llevar asociada problemas como el colesterol o el sedentarismo y también enfermedad coronaria. Bajar diez libras puede reducir significativamente estos factores de riesgo.

6. Control de azúcar

La diabetes, además de reducir la capacidad del páncreas para producir insulina, afecta a los vasos sanguíneos de todo el cuerpo, haciendo que aumente la probabilidad de sufrir un ictus.

7. Reducir el estrés

El estrés crónico aumenta por cuatro la posibilidad de sufrir un ataque cerebral a lo largo de la vida.

8. Mantener un ánimo sereno y positivo

Cultivar emociones como serenidad, calma y mantener un estado de ánimo tranquilo y positivo pueden ayudar a reducir el riesgo de sufrir un ictus ya que ayudan a reducir la tensión arterial y reparar el sistema cardiovascular.

9. Conocer las señales de alarma

Detectar un ictus a tiempo puede salvarte la vida y prevenir la aparición de secuelas. Ante estas señales no dudes en llamar al 911. Por ejemplo, experimentar la sensación de acorchamiento en la mano, o pierna o en la mitad del cuerpo. Balbucear y no ser capaz de hablar, o decir palabras sin sentido, sentir un lado de la cara dormido, perder la visión de un lado y dolor de cabeza persistente acompañado de vómitos que no identificamos como habitual en nosotros.

10. Aumentar la reserva cognitiva

Leer, aprender un idioma, interesarte por cosas nuevas, escribir un diario, hacer tareas manuales, son experiencias que hacen a nuestro cerebro más resistente frente a las posibles secuelas de un ictus. Es lo que se conoce como reserva cognitiva.

Fuente: el Nuevo Dia



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