
Amigos y hermanos:
Las circunstancias nos han dado la oportunidad esta tarde, de
ser testigos presenciales de un evento muy especial, donde
decimos hasta siempre a uno los mejores hombres nacidos en las
mismas entrañas de las tierras del sur lejano.
Wenceslao Salomón Paniagua Morillo nació hace 63 años en
Padre Las Casas, allí donde nace por el lado sur, la cordillera
central; hijo del legendario hacendado, empresario y político,
don Jesús María Paniagua, de quien aprendió el mejor oficio
al que puede aspirar un hombre: trabajar con honestidad,
responsabilidad y dedicación, por lo que siendo muy joven,
su padre le fue dando responsabilidades en sus negocios
y empresas, que lo fueron convirtiendo poco a poco en
administrador principal de todos sus bienes.
Sus cualidades de serio, servicial, colaborador, honesto, buen
hijo, buen amigo, responsable, hombre de una sola palabra,
no se encuentran con frecuencia en una sola persona y
éstas hermosas virtudes le fueron abriendo el camino de la
prosperidad y el respeto de todos, hasta el punto de que, los
que tuvimos el privilegio de conocerlo, tratarlo y contar con su
amistad, nos sentimos orgullosos de de ser parte de la infinita
legión de admiradores que supo cosechar a lo largo de su
fructífera vida.
La experiencia adquirida durante muchos años en la compra,
venta y procesamiento de arroz y café, lo motivaron a levantar
una próspera empresa “
Factoría Paniagua”, que sirvió de fuente
de empleos a cientos de personas y de sustento a muchas más;
porque la bondad y el desprendimiento de Venzo, como le
llamábamos familiarmente, convirtieron la empresa en paño de
lágrimas de la gente necesitada y de otros menos necesitados
que nunca salieron con las manos vacías cuando se acercaron
con una necesidad o un problema.
Toda esta fama de hombre de bien lo impulsó a incursionar en
política llegando a ser Presidente del Consejo de Regidores de
Padre Las Casas y Diputado en dos períodos por la Provincia de
Azua.
Se ha repetido muchas veces la sentencia de que “el que no
vive para servir, no sirve para vivir” y nosotros sentenciamos
aquí, que ese ser excepcional que hoy despedimos nació y vivió
para servir, y nos atrevemos a asegurar, que no hay un solo
padrecasense que no haya recibido directa o indirectamente un
favor de Wenceslao, ya sea en bienes o en servicios.
Wenceslao tuvo muchas razones por quién luchar y por quién
vivir, pero sus más hermosas razones fueron, sin lugar a dudas,
su esposa
doña Miladys, quien lo acompañó por más de tres
décadas ayudándolo, apoyándolo y dándole fuerzas para
seguir adelante.
Otra gran razón, sus cinco prendas:
Raymond,
Berónica, Magda, Mabel y Francina. Pero uno de sus grandes
amores, de sus grandes pasiones fue su empresa, que levantó
sin prisas pero sin pausas, con mucho esfuerzo, sacrificio y perseverancia,
y como paradoja de la vida, murió literalmente
abrazado a ella.
Esta, amigos y amigas, es una pérdida irreparable, no solo
para su familia, sino para el pueblo que lo vio nacer, crecer,
desarrollarse, Padre Las Casas, así como toda la zona del sur
con la que nuestro amigo mantuvo relación comercial, política y
amistosa.
Amigo, todo lo que sembraste lo has cosechado.
Aquí están los
amigos que ganaste, que han viajado de todos los rincones del
país para saludarte. Vete tranquilo, porque también en el cielo
sembraste un espacio eterno donde moran por siempre los seres
como tú y a ustedes amigos y amigas, gracias del alma por venir.
Sabemos hermano que si pudieras hablar dirías, como la canción,
“no llores por mí”.